En el presente la idea de que las TIC tienen un gran peso en el desarrollo económico de las naciones avanzadas está muy extendida. De hecho, este sector comprende el núcleo principal del sector de la alta tecnología, al cual convergen fundamentalmente las industrias dedicadas a la medicina, ordenadores, componentes electrónicos, la comunicación, el procesamiento de datos y la investigación aplicada.
Más allá de los parámetros macroeconómicos, se han utilizado en estudios específicos las condiciones de vida de los ciudadanos, tales como la salud, la educación, la pobreza, la situación de las mujeres y de las minorías; de igual forma la Industria digital que dirige su producción al desarrollo de la cultura de masas, ha venido implementándose como una actividad fundamentalmente mercantilista, que busca de manera continua legitimarse socialmente, tratando de aparecer como creativa, innovadora y renovadora. En este marco, la industria de las editoriales, productoras audiovisuales, medios de comunicación escritos, radio, televisión etc., impulsan determinados modelos de transmisión y vivencia cultural. Esta verdad concluye en forma de paradoja pues la cultura es por definición liberadora y el acceso a ella innegablemente positivo para la formación del individuo. La secreto está en que la industria del consumo desnaturaliza a la cultura, al transformarla como un producto. Desde un punto de vista pedagógico, resulta primordial saber discernir, y enseñar a hacerlo, entre las diferentes ofertas culturales. El docente debe ser en último un mecanismo constitutivo del proceso cultural, en su sentido creativo, y no un simple intermediario de la comercialización de productos culturales.
Más allá de los parámetros macroeconómicos, se han utilizado en estudios específicos las condiciones de vida de los ciudadanos, tales como la salud, la educación, la pobreza, la situación de las mujeres y de las minorías; de igual forma la Industria digital que dirige su producción al desarrollo de la cultura de masas, ha venido implementándose como una actividad fundamentalmente mercantilista, que busca de manera continua legitimarse socialmente, tratando de aparecer como creativa, innovadora y renovadora. En este marco, la industria de las editoriales, productoras audiovisuales, medios de comunicación escritos, radio, televisión etc., impulsan determinados modelos de transmisión y vivencia cultural. Esta verdad concluye en forma de paradoja pues la cultura es por definición liberadora y el acceso a ella innegablemente positivo para la formación del individuo. La secreto está en que la industria del consumo desnaturaliza a la cultura, al transformarla como un producto. Desde un punto de vista pedagógico, resulta primordial saber discernir, y enseñar a hacerlo, entre las diferentes ofertas culturales. El docente debe ser en último un mecanismo constitutivo del proceso cultural, en su sentido creativo, y no un simple intermediario de la comercialización de productos culturales.

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